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Enfermedades raras, tres historias

Para que una enfermedad sea considerada rara, o poco frecuente, debe afectar a menos de cinco de cada 10.000 personas. Pero, si se suman pocas gotas muchas veces, se acaba obteniendo un océano: hay alrededor de 7.000 enfermedades raras descritas (no se sabe el número exacto) y afectan al 7% de la población mundial.

Según datos de la Federación Española de Enfermedades Raras (Feder), hay más de tres millones de personas en España que sufren una de ellas. Por lo que, si se suman sus familiares, cuidadores y amigos y demás personas involucradas de alguna manera con ellas, es difícil que este problema sea ajeno a nadie. Esta es la historia de tres de esas gotas, que trabajan muchísimo a diario desde diferentes ámbitos para encontrar la cura a las enfermedades raras. Y así, quizá, erradicarlas algún día.

El experto en comunicación

Javier Pérez-Mínguez conoce perfectamente el ámbito sanitario, lleva casi 20 años trabajando como periodista y consultor de comunicación médica. Y, en su práctica diaria, había colaborado con Feder. “A las enfermedades raras las consideraba como un grupo enorme de enfermedades, pero no conocía apenas nada de ellas”, reconoce.

Todo cambió hace cinco años, cuando su hijo Javi enfermó, al año de vida. Su empleo le garantizó un acceso directo con diferentes especialistas y asociaciones, que permitió que fuera diagnosticado con una enfermedad mitocondrial “en apenas un año. En el fondo, y con todas las comillas del mundo, tuve suerte, porque los diagnósticos en estos casos se suelen prolongar cinco años o más. Y comencé a contactar con las asociaciones que defienden los intereses de los enfermos y acabé metiéndome de lleno y puse en marcha el proyecto de la fundación Ana Carolina Díez Mahou”.

Niños

Autor: Javier Pérez-Mínguez/Fundación Ana Carolina Díez Mahou

 

La idea de esta fundación es cubrir una serie de necesidades básicas pendientes, especialmente en la parte asistencial y la ayuda directa. “Las enfermedades neuromusculares, que es un grupo importante dentro de las enfermedades raras, no tienen un medicamento que las trate, por lo que las terapias como la fisioterapia, terapia en agua o con animales, son capitales porque mejoran la calidad de vida de los pacientes. Además, son fundamentales la atención psicológica, la terapia ocupacional, la logopedia… Y la Administración no las proporciona, o hay una gran lista de espera, o los profesionales que las dan no tienen la formación adecuada. Porque hace falta mucha formación y conocimiento sobre enfermedades raras tanto en médicos, como en enfermería, auxiliares, fisioterapeutas… que llevan a tomar decisiones erróneas o a falta de comunicación con el paciente”, lamenta.

Otra base de su proyecto ha sido la creación de una red de intercambio entre los afectados y familiares. El diagnóstico es también un gran obstáculo, porque las ayudas que proporciona el Sistema Nacional de Salud casi nunca cubren los estudios genéticos, o lo hacen en casos muy concretos.

“El ocio y el tiempo libre es un área muy importante: son niños con muchos problemas físicos, con poco oferta en varias comunidades. Además, muchas veces, los padres no dan el paso y hay niños que ni siquiera salen de casa. Por eso organizamos eventos”, detalla.

En cuanto a la investigación, Javier recalca “la poquísima” que se realiza en España, con apenas cuatro grupos dedicados a las enfermedades mitocondriales. “Y, según me comentan los investigadores, los tiempos que vienen son aún peores: nos piden dinero a las asociaciones para que puedan seguir manteniendo personal. Me parece lamentable, porque hay buenos profesionales, con grandes ideas”.

El tratamiento de los pacientes con enfermedades mitocondriales se basa en antiepilépticos para minimizar los síntomas, ya que las crisis de este tipo son frecuentes. También se les administra analgésicos, para el dolor, y otros productos paliativos. Pero ninguno dirigido al origen de la enfermedad, hasta que un nuevo fármaco –EPI-743– ha sido probado en pacientes en un gran ensayo clínico del que aún no se han publicado los resultados. Otros grupos japoneses, holandeses, británicos, italianos y estadounidenses trabajan en el desarrollo de otras nuevas moléculas.

“Tenemos esperanza, porque vamos viendo que van surgiendo iniciativas y nuevos fármacos. Y nuevas líneas y proyectos en terapia génica, que creo que son el futuro de este tipo de enfermedades”, apunta.

La investigadora

Precisamente el estudio de las enfermedades metabólicas es el campo de la investigadora Roser Urreizti, en el departamento de Genética de la Universidad de Barcelona. Como recuerda, “mi grupo lleva desde los años 90 trabajando en enfermedades raras. Yo me incorporé en el año 2000 para realizar mi tesis doctoral en las patologías asociadas al metabolismo de la homocistinuria, una enfermedad común (la cardiopatía prematura en varones) y una enfermedad rara (la homocistinuria)”.

Este grupo ha trabajado también de manera activa, desde los años 90, en enfermedades de acúmulo lisosomal. Además, desde hace unos ocho años trabaja también en enfermedades raras del hueso como la exostosis múltiple y la alta masa ósea (HBM)

Entre sus hallazgos, Urreizti destaca que, en estos años “hemos identificado nuevos genes asociados a enfermedades raras y sobre todo, mejorado el diagnóstico de estas enfermedades. Hemos podido ofrecer diagnósticos mejores y más rápidos a familias con diversas enfermedades raras, incluyendo el diagnóstico prenatal”.

En la rama de la homocistinuria y de algunas de las enfermedades lisosomales, el diagnóstico molecular ha permitido enfocar mejor el tratamiento, ya que han podido demostrar, mediante ensayos funcionales, que determinadas mutaciones no responden a según qué tratamientos. “También hemos podido ayudar a los clínicos, con los que colaboramos estrechamente, a seleccionar un tratamiento más adecuado”.

Equipo UB 500

El equipo de Genética de la Universidad de Barcelona (Roser Urreizti arriba a la izq.)

En la línea de las enfermedades de acumulo lisosomal se está haciendo también un gran esfuerzo en la búsqueda de nuevas estrategias terapéuticas. Para ello se han elaborado modelos celulares humanos con células madre pluripotentes (iPS) y líneas neuronales, con los que se están testando diversos compuestos.

Estudio de enfermedades ultra-raras

“En el 2011 iniciamos la línea de la búsqueda de genes responsables de patologías ultra-raras: por un lado, los síndromes de Opitz C (OTCS) y Bohring-Opitz (BOS), que llevo yo personalmente, y por otro, las fracturas atípicas, en el que participo pero de forma más indirecta. Estos dos proyectos pudieron ser abordados gracias al uso de las nuevas tecnologías de secuenciación masiva”, detalla.

En el caso de los síndromes de Opitz C y Bohring-Opitz, el equipo de la Universidad de Barcelona ha podido encontrar el gen causante de la enfermedad en cuatro pacientes. En estos momentos el trabajo a seguir realizando es el de finalizar los análisis de los exomas (la parte más importante del genoma) ya hechos y ampliar el número de familias analizadas mediante Secuenciación Masiva del Exoma.

“Hasta ahora hemos analizado a cuatro familias y a dos individuos aislados, pero disponemos de seis familias más. Gracias a la difusión que se ha hecho de estos estudios, y mediante los grupos de pacientes de Facebook, nos van contactando más familias y esperamos que algunas más se unan al proyecto.  Por otro lado, el reto que ahora estamos abordando es el de estudios funcionales de las mutaciones y de los genes que hemos encontrado asociados con esta enfermedad. Para ello hemos establecido diversas colaboraciones con otros grupos y esperamos poder avanzar rápidamente en este proyecto”, anuncia.

Siguiendo la misma línea que en los estudios lisosomales, el objetivo final –a muy largo plazo– es comprender mejor el mecanismo de acción de estas patologías, que es totalmente desconocido hasta ahora. También se pretenden desarrollar modelos celulares y/o animales y poder abordar el estudio de estrategias terapéuticas.

La financiación del estudio de las enfermedades raras es, quizá, la mayor dificultad a la que se enfrentan los investigadores. Urreizti optó por el crowdfunding “básicamente porque no nos quedó más remedio. Los recortes en ciencia por parte del gobierno han sido tremendos: se han saltado convocatorias, hemos visto cómo asesoras han sido recortadas a la mitad y cómo el número de becas para jóvenes investigadores es ínfimo comparado con el de hace 10 años. Somos en estos momentos un grupo muy, pero que muy bien equipado… ¡muy cortos de personal!”

Y, como subraya, “en campos como el de las enfermedades raras, en que no hay un interés por parte de organismos oficiales, farmacéuticas o incluso el público general, estos recortes han sido aún más notables”. Su periplo comenzó pidiendo fondos al Estado (en la ya citada convocatoria que decidieron saltarse), a continuación, fueron contactados desde la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT) para ofrecerles la plataforma Precipita como una alternativa.

“Estamos contentos con el resultado (30.000€ recaudados) pero hay que poner las cosas en contexto: típicamente una asesora con la que funcionar tres años es de unos 250.000€ y nos llega justo. Somos un grupo que hacemos mucho con muy poco, porque aunque no se crea, en ciencia 250.000€ son poco. Por ejemplo, un modelo murino cuesta unos 50.000€ y la investigación con células iPS hemos calculado que son unos 3.000-5.000€ mensuales en función del volumen de trabajo. Así que algunas de estas estrategias no nos las podemos plantear a menos que no sean financiadas por fundaciones privadas: en el caso de las enfermedades lisosomales, las asociaciones de padres de pacientes han comprado los ratones ellos mismos. Y, en el proyecto de Opitz C, los primeros exomas los pagaron los padres de los pacientes. También algunas empresas privadas nos han ofrecido sus servicios pro bono”, recuerda.

talleres para padres

Autor: Javier Pérez-Mínguez/Fundación Ana Carolina Díez Mahou

Otro aspecto que debe recordarse es que la plataforma Precipita ofrece al infraestructura –cobrando unos porcentajes sobre lo recaudado, “nada despreciables”– pero no hace difusión de la campaña, aparte de algún post en Twitter y Facebook con los proyectos.

“Así que para la campaña de Precipita, Carles Godall, padre de una de las pacientes –y que se merece un monumento– se dejó la piel en ayudarnos a difundir y yo dejé mis proyectos de investigación aparcados por dos meses para hacer campaña. Un parón de esta duración no es muy recomendable. Gracias a diferentes periodistas, la campaña llegó a difundirse y la verdad es que la respuesta de la gente fue espectacular y alcanzamos y rebasamos el objetivo del proyecto. Pero muchos de los proyectos de Precipita no llegan a poder hacer una buena recaudación, ya que los investigadores no tenemos ni el tiempo ni la preparación para realizar una campaña de difusión masiva como al que necesita un crowdfunding”, lamenta.

La activista de la enfermedad rara más conocida

La Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA) es quizá la más conocida de las enfermedades poco frecuentes. Los motivos son muy diversos: afectó al jugador de béisbol Lou Gehrig cuando era uno de los deportistas más famosos del mundo y provocó su retirada, con un emotivo discurso en el Yankee Stadium que todavía es recordado. En él se declaraba “el hombre más feliz del mundo”. El orgullo de los Yankees, una película de Hollywood protagonizada por Gary Cooper, contribuyó a la popularización de la enfermedad, que hace un par de veranos tuvo un gran espaldarazo con la famosa campaña en redes sociales del cubo de agua helada. La película sobre Stephen Hawking –con Oscar incluido para su protagonista Eddie Redmayne– también permitió que mucha gente conociera la enfermedad.

La ELA es una enfermedad degenerativa de tipo neuromuscular y que implica que las motoneuronas (las células del sistema nervioso) disminuyen su funcionamiento y mueren, produciendo una parálisis muscular progresiva de pronóstico mortal: hasta en un 80% de los casos, los pacientes mueren por insuficiencia respiratoria en un plazo de 2-5 años desde el inicio de la enfermedad.

Una característica de la enfermedad es que las funciones cerebrales no relacionadas con la actividad motora –tales como sensibilidad e inteligencia– se mantienen inalteradas. Las motoneuronas que controlan los músculos de los ojos no resultan afectadas, conservando el movimiento ocular. A día las causas que originan esta dolencia, así como su cura, son desconocidas aunque hay varias líneas de investigación abiertas.

La ELA afecta a dos de cada 100.000 habitantes y actualmente la padecen unas 4.000 personas en España. Se diagnostica mayoritariamente entre los 40-70 años de edad (aunque puede afectar a un rango mucho más amplio de edades), y es más frecuente en varones. Anualmente mueren por su causa en España 900 personas.

La vida de Yolanda Delgado cambió el día que Antonio, su marido, comenzó a sufrir los primeros síntomas. Apenas había oído hablar de la ELA y, tras un periplo por diferentes médicos y numerosas pruebas, llegó el diagnóstico y la participación en un ensayo clínico, sin resultado. Su experiencia le llevó a contactar, con la ayuda de las redes sociales, con numerosos pacientes y familiares en su misma situación en una asociación que han bautizado con el nombre de Reto todos unidos contra la ELA.

 “Nos dimos cuenta que somos muchos pacientes y familiares que buscamos respuestas. Y unirnos fue algo natural”, recuerda. En los diferentes foros, podían compartir noticias, información sobre nuevos tratamientos y cómo descartar las falsas terapias que les ofrecen tanto personas de buena fe como desaprensivos.

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Yolanda Delgado en la imagen

En su ansia por visibilizar la enfermedad, Yolanda –con la colaboración de su cuñada Elena y de cientos de voluntarios de toda España– ha organizado ya dos marchas que convocaron a miles de personas, una en Madrid (el pasado siete de noviembre) y otra en Barcelona, el 13 de febrero.

“El futuro no está escrito, no crucemos los puentes antes de llegar a ellos. Hemos ganado grandes batallas realizando las primeras caminatas en la historia para no morir de ELA y estamos organizando más. Vamos a ganar más batallas, vamos a escribir páginas llenas de lucha buscando vivir. No podemos esperar más, queremos investigación y solución inmediata”, recalca.

En paralelo, Yolanda y otros portavoces de Reto todos unidos contra la ELA han comenzado contactos con diferentes partidos políticos para lograr compromisos tanto en la investigación como en la asistencia a los pacientes y en el apoyo a sus familiares y cuidadores.

¿Hay motivos para el optimismo?

“Veo que lo vamos haciendo va dando sus frutos: tenemos que seguir en esta lucha y reivindicar, ayudando a mejorar la calidad de vida de los niños. Y, por otro lado, poder disfrutar al máximo del día a día, porque aprendes a apreciar las cosas bonitas de la vida”, señala Javier.

Para Roser, los avances son obvios, pese a las dificultades. “Puede que, dada la crisis global que hay, sean más lentos. Pero, en los últimos cinco años, la investigación ha dado un vuelco tremendo: no solo por las mejoras técnicas en secuenciación masiva, sino también por la comprensión que estamos empezando a tener del genoma”.

En este lustro han surgido proyectos colaborativos a escala mundial, como el de GTex –en el que participa Roderic Guigó, del Centro de Regulación Genómica de Barcelona–, Decipher en el Reino Unido o ExAc a nivel internacional. Y, como recalca la investigadora, “nos dan herramientas para comprender mejor los datos que tenemos entre manos, como la revolución de CRISPR, que está poniendo la genética patas arriba y abre la puerta a la edición genómica de un modo que era impensable hace tres años”.

En su opinión, esta nueva técnica “permite que nos planteemos empezar a investigar posibles estrategias terapéuticas para enfermedades muy minoritarias, en que antes habría supuesto un esfuerzo impensable.  También nos permite hacer modelos animales a medida, para comprender mejor como funciona una patología. Son aun estrategias muy caras, pero son viables, y cada vez a precios más asequibles para las investigaciones en enfermedades minoritarias”.

“Ya estamos viendo –prosigue– algunos de estos avances en el campo de la terapia génica. Cuando empecé mi doctorado, hace ahora justo 16 años, aun no conocíamos ni el genoma humano. En los siguientes diez años avanzamos poco a poco ensamblando el genoma, identificando posibles genes, lentamente. Y, en los últimos cinco, el conocimiento del genoma y la genética de las enfermedades raras han dado un paso de gigante con la aparición de la secuenciación masiva. ¡Hace 16 años era pura ciencia ficción y ahora podemos secuenciar un exoma en unos pocos días!”

Como recuerda, la limitación principal “viene del desconocimiento que teníamos. En 2011 empezamos a investigar los exomas de Opitz C: obteníamos megas de información de la que mucha no sabíamos ni cómo interpretarla. En solo cinco años hemos incrementado enormemente nuestro conocimiento del genoma humano y del de otros organismos. Podemos “cazar” mutaciones con enorme eficacia, lo que nos permite diagnosticar molecularmente a pacientes que antes habría sido sencillamente, imposible. Así que sí, soy optimista”, concluye.

Yolanda tiene claro su objetivo y, como señaló en la marcha del pasado 13 de febrero, “no pararé de luchar hasta que se encuentre la cura de la enfermedad de mi querido marido”.

@xavigranda

 

 

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