Saca la lengua

La biotecnología, la docencia, mi padre y yo

“No entiendes realmente algo a menos que seas capaz de explicárselo a tu abuela” (Albert Einstein).

El desarrollo de la biotecnología en España, coincidió con los inicios de mi Tesis Doctoral (la Sociedad Española de Biotecnología -Sebiot- se formó a finales de los años 80 y  a mí me dieron mi beca predoctoral en el año 88), y, en cierto modo, nuestras historias han sido paralelas.

Los medios de comunicación empezaron entonces a hacerse eco de noticias relacionadas con nuestra área, y yo me vi en el difícil trance de explicarle a mi padre, que tenía ya más de 70 años y apenas había podido estudiar, lo que estaba haciendo. Yo le hablaba de microorganismos, contaminantes, genes, etc., hasta que mi padre me miró muy serio y me dijo: “tu lo que haces es construir bichos para que se coman porquerías“. En ese momento, me di cuenta de dos cosas: primero, lo listo que era mi padre, y, segundo, lo importante que es saber transmitir de forma clara y concisa lo que hacemos en el laboratorio.

Años más tarde, cuando después de ser durante mucho tiempo una “rata de laboratorio”, me incorporé a trabajar en una universidad, descubrí una vocación que por tardía no ha sido menos intensa que la primera: el placer de transmitir mi pasión por la ciencia. Aunque la investigación me ha dado momentos de mucha felicidad, mi mayor satisfacción es ver a mis alumnos progresar y ser mejores que yo, descubrir en mi clase a jóvenes a los que años antes les intenté explicar para que servía esto de la Biotecnología cuando estaban en el Instituto, y ver la cara de asombro de los alumnos de primaria cuando les muestro cómo aislar ADN o cómo detectar una mancha de sangre. Entonces es cuando te das cuenta de lo difícil que es este trabajo, ya que cómo bien dice Einstein, tienes que estar muy seguro de lo que estás diciendo para poder defenderlo, lo que no es fácil en un mundo en el que, afortunadamente, tenemos acceso a multitud de opiniones y fuentes, pero, desgraciadamente, tendemos a darles a todas la misma validez.

Está aceptado que nuestro desarrollo como sociedad es directamente proporcional a nuestro desarrollo científico, y, por supuesto, cultural. El problema es que existe una gran brecha entre los “científicos” y los “no científicos”. Nosotros, “las ratas de laboratorio”, estamos en nuestras cosas y no vemos importante transmitir a los “no científicos” lo que hacemos, y ellos nos ven como unos bichos raros totalmente inaccesibles y muchas veces inútiles.

Geles 2D

Búsqueda de biomarcadores en cangrejos de río capturados en distintas zonas contaminadas del entorno del Parque Nacional de Doñana, tomando como referencia la zona de Lucio de Palacio (LP), situada en el corazón del parque. El aumento de proteínas con puentes disulfuros en animales capturados en zonas contaminadas cómo Matochal (MAT) pone de manifiesto que en dicha zona los animales están sometidos a un fuerte estrés oxidativo.

Sin embargo, los que nos dedicamos a la biotecnología y ciencias afines tenemos este punto mucho más fácil. Reconozcámoslo, esto de la biotecnología mola mucho, y es mucho más fácil de vender que las matemáticas teóricas. Los biotecnólogos estamos a medio camino entre los científicos de pura cepa y los ingenieros, entre las ideas más abstractas y los proyectos más aplicados. Las noticias científicas que se difunden en la prensa no especializada son frecuentemente sobre avances en nuestra área y, además, abarcamos muchos campos diferentes: lo mismo servimos para biomedicina, que para agroalimentarias, que para ingeniería química.

Por todo ello, considero que los biotecnológos podemos ser el puente que puede conectar la sociedad y la ciencia. Para que nuestra sociedad avance, necesitamos mejorar nuestro nivel científico y para ello debemos asumir nuestra cuota alícuota de responsabilidad en la desidia general hacia la ciencia que reina en el país. Tenemos la responsabilidad de saber transmitir  nuestros avances y hacer comprender a los “no científicos” la importancia de nuestro trabajo.

Felizmente, este acercamiento entre los dos mundos se está produciendo con actividades dirigidas sobre todo al personal más joven. He de señalar que, en la mayoría de ellas, los científicos participamos de forma totalmente altruista. Buenos ejemplos son el proyecto Saca la Lengua, las charlas de Ciencia con Chocolate, el Proyecto de Iniciación a la Investigación e Innovación en Secundaria en Andalucía, o ESTALMAT.

Para muestra un botón, si algún conocido me pregunta yo que hago, no es lo mismo decirle que me dedico a estudiar “Patrones cuantitativos de expresión génica y proteómica redox para la evaluación de respuestas biológicas a contaminantes”, que lo que hago es “Buscar parámetros fácilmente medibles  para detectar la presencia de contaminantes”.

Por cierto, cuando leí mi Tesis Doctoral, mi padre me dijo “Hija mía, jamás pensé que fueses capaz de hablar tanto tiempo sin equivocarte“, mira por donde ahora me gano la vida hablando. Va por ti papá.

 

Imagen destacada: 

Proyecto “Saca la lengua”: determinación del microbioma bucal en voluntarios de entre 15 y 18 años. Autor – Luis Bejarano: “Aparte de realizar el proyecto en si, y de hacer el viaje y la aventura como tal, me seducía extraordinariamente la idea de enseñar a los chicos lo que hacemos los científicos, por que lo hacemos y demostrarles que cualquiera puede alcanzar la meta que se proponga, incluso la de ser investigador. Solo hace falta un poco de suerte, saber reconocer ese momento en que la tienes, y trabajo duro. No soy ningún genio. Mi historia es el mejor ejemplo para ello.”

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