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Moderar el entusiasmo por el “microbioma”: Apertura del debate científico

La construcción del conocimiento científico ha contado siempre con reglas de conducta  y procesos de valoración y seguimiento de su actividad, aceptados  y gestionados  por la propia comunidad científica. Esta teoría y  esta práctica  se han inspirado en  valiosas  contribuciones de la filosofía, la historia, la sociología y la política de la ciencia y la tecnología.

Sin embargo, la investigación científica y técnica no ha podido resistir la ola de alejamiento de las normas y   la  relajación ética que viene presidiendo el desarrollo de una sociedad  movilizada por el   liberalismo inmoderado ( ¿neoliberalismo? ) desde la caída del muro de Berlín y globalizada a través del desarrollo exponencial de las tecnologías de la información y las comunicaciones.

Los impulsos  hacia la competencia feroz   en el seno de la comunidad científica y la tendencia impuesta por los gestores de las políticas de fomento  de lo que en España definimos como I+D+i  a buscar la inmediatez de la aplicabilidad y rentabilidad económica  de la ciencia han inducido cambios negativos en las prácticas seguidas por los científicos a lo largo del proceso de consolidación de su profesión desde finales del siglo XIX. Todas estas alteraciones se han visto favorecidas  por el fragor mediático en que se mueve la sociedad que acabamos de definir y que contribuye a la  minusvaloración   de valores éticos y democráticos como son la convicción, la responsabilidad  , y los derechos a la verdad, a la igualdad y  a la justicia solidaria..

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Imagen microscópica de microbioma, CDC/Janice Carr

Bajo este  convulso contexto sociopolítico y económico  que se viene configurando desde hace casi cuatro décadas, ha tenido lugar el fascinante desarrollo de la moderna biología  y de sus aplicaciones que han dado lugar a lo que se ha llamado biotecnología moderna basada en  el ADN,  la ingeniería genética  y los anticuerpos monoclonales y  a lo que  he definido como biotecnología contemporánea en la que las células, las ómicas , la biología de sistemas y  la biología sintética como pilares científicos han aportado avances  para la salud como la terapia celular, la bioingeniería, la medicina personalizada e integrada.

En este entorno de explosivo desarrollo  ha surgido el concepto de “microbioma”, reconocido en 2010 por la revista Science como uno de los 10 grandes temas científicos de la década,  y que para quien esto escribe ha supuesto uno de los grandes descubrimientos de la biología evolutiva y de la biología interconectada, uniendo en este caso fisiología, bioquímica y microbiología con posibles efectos sobre patologías complejas. Acorde con este reconocimiento, lo he  glosado en diversos trabajos publicados en  la web de ASEBIO, tanto en editoriales del Boletín Perspectivas  como en la sección Ojo crítico.

Este entusiasmo  no me ha hecho olvidar mi preocupación por la ética en la investigación científica, tema en el  que vengo trabajando desde la década de  1990. Los ingente y rápidos avances que se vienen publicando en los últimos años sobre el “microbioma”  y su incidencia en un creciente número de  patologías y su acogida en los medios de comunicación  podrían hacer pensar en el riesgo de una sobrevaloración del  ”microbioma”.

Gracias a dos revistas se puede traer al ámbito de la divulgación  la iniciación del debate sobre el tema que surge en el ámbito científico. La revista Nature  (vol. 512, págs. 247-248,2014) publicó un artículo de William P. Hanage, miembro de la prestigiosa Escuela de Salud Pública de Harvard, del que la revista Investigación y Ciencia ha ofrecido la versión en español (número de febrero de 2015, págs.. 13-15)  en su habitual sección Panorama.

El artículo titulado “Guía para interpretar con escepticismo las investigaciones sobre el microbioma” plantea cinco preguntas críticas para, según el autor, “no dejarse llevar por el sensacionalismo”. En primer lugar, Hanage expresa dudas acerca de la capacidad discriminatoria de los experimentos sobre el “microbioma”. Apunta que los trabajos basados sobre el análisis del ARN ribosomal de la subunidad 16-  son mayoría- por la escasa variación de su gen ancestral “solo permite una clasificación burda”. Confía en las técnicas modernas, las ómicas en mi opinión, que contribuyen a descifrar “rutas metabólicas”, pero al mismo tiempo señala la dificultad de atribuir un resultado a una entidad particular si tales redes no están identificadas.

En la segunda cuestión se trata de encontrar si la presencia de un microbioma asociado con una enfermedad es “meramente accidental”. Es la vieja historia que preocupa a los estudiosos de la salud pública sobre la distinción entre causalidades  y mera correlación. El autor reconoce que todo científico tiene asumido como “catecismo que la correlación no es causalidad”. Pero la correlación siempre supone alguna relación causal y para avanzar por este camino, lo que hace falta es realizar “experimento minuciosos “. Para ello, el experto en salud pública reclama volver al enfoque reduccionista. Sostiene que los experimentos con ratones sin gérmenes que facilitan la introducción de microbiotas no representan el estado natural. Insiste además que el nicho ecológico de los ratones y su microbioma es claramente diferente del ser humano lo que plantea dificultades de extrapolación.

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Representación artística del microbioma, publicada en la revista Nutrition Review de 17 de agosto de 2014

La última pregunta cierra el ciclo de las dudas de Hanage , que  aunque reconoce que  las bacterias influyen en nosotros, recomienda cautela  y sugiere que se pregunte y se busque, siempre que se vincula el “microbioma” con una enfermedad,  si no existen otros factores relacionados con tal enfermedad.

En suma, lo que preocupa en este trabajo es el excesivo reflejo mediático, el “bombo” que rodea  a los estudios sobre el “microbioma”. Si bien me encuentro entre los que consideran el descubrimiento y propuesta del “microbioma” como uno de los grandes temas de este principio del  siglo XXI y que soy poco inclinado a las posiciones conservadoras en ciencia, reconozco en aras  a mi preocupación por la ética en la I+D, el valor de la mesura, del rigor y por tanto que hay que evitar el optimismo ciego, la hipérbole  y promulgar la distancia que hay entre la esperanza y la cruda realidad en este ámbito comprometido con la verdad.  Es interesante señalar a este respecto que EMBO (sigla del inglés de la Organización Europea de Biología Molecular) ha convocado su Conferencia Anual a celebrar el 5-6 de noviembre en Heidelberg sobre este tema: “Emerging Biotechnologies- Hype, Hope and Hard Reality” ( “ Biotecnologías Emergentes: Exageración, Esperanza y Dura Realidad). Por ello, felicito al autor del trabajo y las dos revistas, prestigiosas entre su ámbito por recordarnos que la ciencia requiere contraste, discusión y debate entre pares .Eso ha  contribuido a su reconocimiento social  y a una buena cultura científica.

 

Imagen destacada publicada en Nutrition Review el 17 de agosto de 2014

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