Mosca grande

Biotecnología con alas

El biólogo William E. Castle fue el primero en introducirla en un laboratorio, el de Harvard. Era pequeña, fácil de mantener, fértil en las cuatro estaciones y se reproducía a una velocidad vertiginosa. Siguiendo el ejemplo de su compatriota americano, Thomas Hunt Morgan pensó que era el organismo idóneo para emprender en su carrera científica. Y no se equivocó. Jugó con moscas a la lotería de cruzar caracteres, a crear árboles genealógicos producto de enredos entre hermanos y primas, de tatarabuelos con bisnietas. Estudió las mutaciones que se borraban y se aparecían en saltos generacionales, los colores de ojos que se iban y regresaban en las jaulas, del rojo al blanco, del blanco al rojo. Y ganó el Nobel de Fisiología y Medicina de 1933. Había demostrado que los cromosomas portaban la maquinaria para diseñar la vida.

El nombre de la Drosophila melanogaster se puso entonces en boca de la comunidad investigadora. Las ventajas que presentaban sus cualidades biológicas la convirtieron en el modelo de experimentación por excelencia, desplegando el rumbo de la Genética.

Ha pasado más de un siglo desde que las moscas pasaron a cobrar un destacado protagonismo en el curso del desarrollo científico, pero siguen siendo las reinas de los laboratorios. Parece como si alguien la hubiera diseñado específicamente para ellos, y para la cantidad de estudios a los que dan posibilidad. No solo la Drosophila, otras especies de su orden pueden ser explotadas para actividades en I+D de una infinidad de sectores, incluso como recurso medioambiental.

Son unas excelentes carroñeras de la materia orgánica, actividad que puede ser aprovechada para transformar desechos generados por la industria agroalimentaria en productos útiles. Sus larvas, unos gusanos amarillentos ciegos y de constitución insaciable, son capaces de hacer un acto de reciclaje casi exquisito con algunos tipos de basura, la cual convierten en abono orgánico a través de su digestión extracorporal. Un proceso natural por el que ciertos dípteros excretan una especie de humus enriquecido, ideal como fertilizante para plantas o como antibiótico humano. Estas sustancias digestivas, liberadas durante las primeras fases de vida de los insectos, tienen facultades antimicrobianas: eliminan la piel muerta y estimulan la cicatrización de heridas. De la combinación de ambas acciones curativas nace la terapia larvaria, un tratamiento para la reparación de tejidos necrosados cuya práctica se remonta a la antigüedad pero con actual interés farmacéutico.

De prácticamente todas las labores existenciales de la mosca se pueden sacar provechos. Antes de mudar al próximo estadio de su metamorfosis y protagonizar uno de los tantos espectáculos que brinda la biología, las larvas acumulan una cantidad descomunal de grasas en su interior. Durante su fase pupa, en la que el animal queda agazapado en su propio cuerpo, estos ácidos grasos pueden ser extraídos y procesados para la extracción de biocombustibles. Al igual que las sustancias obtenidas de su metabolismo, los compuestos de su piel están hechos de buenos propósitos. El quitosano, derivado de la quitina, la fibra principal que teje la armadura los insectos y la responsable de producir el crujido característico cuando se los aplasta contra el suelo sin compasión, inhibe eficazmente el crecimiento de una gran variedad de hongos. Pero además de acción antifúngica, este polímero presume de otras sorprendentes propiedades con aplicación directa en el desarrollo de materiales biodegradables. Y algunos expertos ya han puesto los ojos en él como la solución para disminuir el consumo de plástico.

Instalaciones para la producción de huevos de BSF

La lista de beneficios que presenta la explotación de este animal es impresionante, y en ella se sustenta el potencial de iniciativas como la de la empresa Byoflytech, que además de sacar múltiples utilidades a la actividad natural de los insectos que crían en el Parque Científico de Alicante, han hecho negocio produciéndolas masivamente. Los ejemplares adultos se venden directamente como agentes polinizadores para diversos cultivos de semillas en invernadero, y muchos piensos de animales se elaboran de la harina procesada a partir de su biomasa.

Las colonias de dípteros que están al menester de esta spin off de la Universidad de Alicante las componen especies de lo más variadas, como Hermetia illucens, la mosca soldado, o la Musca domestica, la mosca común. Pero a 200 kilómetros al norte de esta granja, en la biofábrica valenciana de Caudete de las Fuentes, son especialistas solo en una.

En sus instalaciones se dedican a la cría de machos estériles de la Ceratitis capitata, la mosca de la fruta, causante de verdaderos quebraderos de cabeza para los agrónomos por las pérdidas económicas que su presencia acarrea en el sector de la citricultura. Como su nombre ya lo advierte, estas pequeñas diablas son unas arrasadoras de los cultivos frutales. Naranjas, mandarinas, higos, albaricoques… todas tienen para ellas forma de manjar. Una vez las hembras fecundadas depositen sus huevos en el interior de los frutos, da comienzo una tragedia para la que no hay marcha atrás. Las larvas empiezan a desarrollarse, excavan galerías y se atiborran del jugo frutal. Sus víctimas caen entonces al suelo exprimidas y podridas, quedan como alimentos inservibles para su comercialización.

Como una alternativa a la fumigación con pesticidas, en el 2007 España inauguró este centro en Valencia para control biológico de plagas, la mayor de las innovaciones en materia de protección vegetal de toda Europa, y la segunda planta más grande de producción de insectos útiles para la erradicación de plagas en el mundo.

Con técnicas de radiación gamma se esterilizan a los machos, que una vez capados son liberados en grandes ejércitos para que a la hora del cortejo nupcial, compitan con sus homólogos fértiles, mucho más escasos. Por mucho que se retuerzan en vibraciones, canten o bailen, los sementales salvajes quedan desplazados, y la mosca de la fruta disminuye su tasa de reproducción. La suelta de castrados no solo tiene éxito en plagas vegetales. En algunos países africanos lo están llevando a cabo para la erradicación de la mosca Tse Tse, vector de la terrible enfermedad del sueño- que amenaza por igual a su población como a su ganado-, reduciendo considerablemente la población de esta fuente de infecciones.

Mosca reducida

Imagen de Byoflytech

Ya sea en sus formas parásitas, o del todo inofensivas, las moscas se presentan en sociedad como seres despreciables y aburridamente simples. Pero en realidad, comparten con nosotros mucho más de lo que podríamos imaginar. Además, sus cuerpos encierran una complejidad mayor de la que su minúsculo tamaño les permite aparentar: saben contar hasta cuatro, tienen una memoria privilegiada, y aunque parezcan torpes, vuelan con el ingenio de verdaderos cazas.

En el 2000 se secuenció el genoma completo de la Drosophila, y tras una década de arduos trabajos, el año pasado se logró descifrar el código genético de su prima, la Tse Tse. Conocer en detalle a estos animales puede armarnos de las herramientas para atacar sus debilidades y ponerlas de nuestro lado. Profundizar en sus mecanismos internos puede descubrirnos parte de nosotros en ellos. Al final, la biografía genética de una mosca es el espejo en el que se retrata la nuestra. La investigación en el campo de los trastornos neurodegenerativos, el cáncer, la drogadicción y el avance en el estudio de un sinfín de enfermedades humanas se abren en la actualidad a los pies de estos insectos alados, que a pesar de llevar más de un centenario entregados en cuerpo y alma a los laboratorios, les quedan muchos hitos científicos por alcanzar.

 

 

Tweet about this on TwitterShare on FacebookShare on LinkedInPin on PinterestEmail this to someoneDigg thisShare on TumblrShare on RedditShare on Google+Print this page

One thought on “Biotecnología con alas

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>