Denimjeans2

Odio la arenilla en los bolsillos

Casi todos odiamos algo. Tengo un amigo que no soporta que masquen chicle cerca de él haciendo ruido. No es que no lo soporte, es que se pone frenético. Una vez en un viaje en tren en el que cerca de nosotros iba una chica mascando chicle tuve que inventarme una historia en la que mezclé hospitales psiquiátricos, tratamientos espeluznantes y la posibilidad de que acabáramos ella muerta y nosotros detenidos para que se sacara el chicle de la boca mientras mi amigo miraba por la ventanilla a punto de explotar. Además de sacarse el chicle de la boca, la chica también se cambió de sitio, claro.

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Pantalones vaqueros.Wikimedia.

Hay personas que no soportan algunas texturas en sus bocas: la de la gelatina, por ejemplo. Lo que yo no soporto es la arenilla en los bolsillos. Lo odio.

Me encantan los pantalones vaqueros. Siempre los he usado. Bueno siempre, no. Hubo unos años en los que no los usé. Y la razón de que no lo usara durante un tiempo es que odio la arenilla en los bolsillos. Durante mi adolescencia se pusieron de moda los vaqueros desgastados. Para todos aquellos que han nacido después de 1980, 1990 o incluso, después del 2000 les diré que en mi infancia los pantalones vaqueros no eran como los de ahora. Eran mucho más rígidos y de color azul uniforme. Pero eso fue solo al principio porque un día se pusieron de moda los vaqueros desgastados. Lavados a la piedra, se llamaban.

Recuerdo perfectamente aquellos primeros vaqueros desgastados. Me encantaron cuando los vi. Me encantaron cuando me los puse pero… dejaron de encantarme en cuanto metí las manos en los bolsillos: tenían arenilla. Justo en la zona de la costura de los bolsillos se concentraba esa arenilla dichosa. Y yo no podía evitar rozarla continuamente con la punta de mis dedos. Pero es que además no solo había arenilla en los bolsillos, también la había incrustada en el tejido. Así que llevabas unos de esos vaqueros y te sentaban bien, eran bonitos, sí, pero tenían arenilla en los bolsillos y una especie de efecto lija sobre la piel de las piernas.

Por entonces leí, no recuerdo dónde porque todavía no existía internet, que el lavado a la piedra se hacía con piedra pómez que soltaba esa arenilla. Y era persistente, por mucho que los lavaras seguía estando ahí. Así que dejé de usarlos.

Pumita, o piedra pómez. Wikimedia.

Pumita, o piedra pómez. Wikimedia.

Pero en 1989 empezó a usarse un proceso que fue mi salvación. Fuera piedra pómez y arenilla. Desde entonces lo que se utiliza para ablandar y aclarar la tela con la que se fabrican los jeans es un proceso biotecnológico. Desde entonces, de esa abrasión se encargan unas enzimas llamadas celulasas porque actúan sobre la celulosa que es el principal componente del algodón con el que se hacen los pantalones vaqueros. Sin piedra pómez no hay arenilla. Volví a usar jeans. Todo este proceso, además, es mucho más ecológico con el uso de enzimas que con los procedimientos que se usaban antes de 1989.

Y encima, detrás de mi vuelta a los vaqueros hay un proceso científicamente fascinante. Estas enzimas que aceleran la descomposición de la celulosa las producen hongos y bacterias. Pero la forma natural de producirlas es lenta por lo que para su uso en procesos industriales se hace una modificación genética en algunas bacterias, se les introducen los genes que codifican las celulasas de forma que puedan producirlas mucho más rápido.

Yo estoy feliz con mis vaqueros biotecnológicos. Bueno y con el resto de mi ropa porque la mayoría de ella ha pasado también por procesos de este tipo. ¿Conocéis esos tejidos que tienen apariencia de seda pero que no cuestan un riñón? Pues también se consiguen de esta forma. Otro día os contaré cómo.

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2 thoughts on “Odio la arenilla en los bolsillos

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